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Liderazgo Empresarial en 2026: Competencias, Evidencia y Hoja de Ruta para Directivos de LATAM

LBS Intelligencejulio de 2026
50%
El 50% de la comunidad de RH en LATAM ocupa un rol de "practitioner" frente a la decisión de desarrollo de capacidades

Por qué el liderazgo empresarial es la variable crítica de 2026

El liderazgo empresarial atraviesa su momento de mayor tensión en décadas. La segunda edición del State of Organizations de McKinsey & Company (2026) confirma que más de 10.000 ejecutivos en 15 países identifican la transformación organizacional integral como imperativo inmediato: ya no alcanza adaptarse de forma aislada; hace falta rediseñar la organización completa desde su núcleo. En paralelo, el 2026 Global Leadership Study de Harvard Business Impact —que encuestó a 1.139 líderes en múltiples industrias— revela que las prioridades del año incluyen estrategia de inteligencia artificial, transformación acelerada y métodos de aprendizaje de alto impacto. En este contexto, para los decisores de LATAM la pregunta no es si el liderazgo empresarial importa, sino cuánto están pagando por no desarrollarlo a tiempo.

Este artículo integra evidencia tier-1 de 2025-2026, datos propios del Observatorio LBS y marcos canónicos para entregar una hoja de ruta accionable. Está dirigido a CHROs, CEOs y directores de Desarrollo Organizacional que deben tomar decisiones de inversión en capacidades de liderazgo antes del cierre de presupuesto.


1. El nuevo mapa del liderazgo empresarial: de la jerarquía al ecosistema

1.1 La organización como sistema adaptativo

Durante décadas, el modelo dominante en LATAM fue el liderazgo jerárquico transaccional: el líder como árbitro de recursos y portador del conocimiento. Ese modelo está en extinción acelerada. El State of Organizations 2026 de McKinsey señala que la inteligencia artificial y la incertidumbre geopolítica están obligando a repensar procesos de punta a punta, no solo a digitalizar tareas sueltas. El impacto real, según el reporte, surge cuando la tecnología redefine cómo fluye el trabajo y cómo se asigna el capital humano.

En términos del Galbraith Star Model, esto significa que la presión sobre la dimensión de 'Personas' y 'Procesos' es simultánea: los líderes deben tomar decisiones de diseño organizacional mientras gestionan la incertidumbre cotidiana. Mintzberg lo anticipó en su tipología de roles gerenciales: el rol de 'enlace' y el de 'emprendedor interno' cobran centralidad cuando el entorno es turbulento.

1.2 La brecha entre mandato y capacidad instalada

El dato más inquietante no viene de la consultora global, sino del propio tejido de recursos humanos en la región. Según el Observatorio LBS 2026 (n=27.083), 'el 50% de la comunidad de RH en LATAM ocupa un rol de «practitioner» frente a la decisión de desarrollo de capacidades'. Esto implica que la mitad de quienes deciden (o dejan de decidir) sobre formación de líderes opera desde una lógica operativa, no estratégica. La consecuencia directa: los programas de liderazgo se diseñan para resolver síntomas —bajo engagement, alta rotación— en lugar de construir la capacidad organizacional que la organización necesitará en 18 meses.

Esta brecha entre mandato estratégico y posicionamiento real del área de RH es la causa raíz de por qué, según McKinsey, el 70% de las transformaciones empresariales fracasan no por la tecnología, sino por la falta de cambio cultural y humano.


2. Las cinco competencias críticas del liderazgo empresarial en 2026

McKinsey identifica que los líderes orientados al crecimiento sostenido necesitan algo más que ambición y conocimientos empresariales: requieren un enfoque holístico en el que el coraje y la resiliencia sean el núcleo. A partir de esa premisa, y cruzándola con el 2026 Global Leadership Study de Harvard Business Impact, es posible trazar cinco competencias que los decisores de LATAM deben priorizar:

2.1 Inteligencia estratégica con IA

El reporte de Harvard Business Impact (2026) documenta que una proporción significativa de encuestados esperan que los líderes hagan un mayor uso de la IA en la toma de decisiones estratégicas en 2026. No se trata de dominar la tecnología en términos técnicos, sino de integrarla dentro del proceso de razonamiento estratégico: detectar señales débiles, sintetizar volúmenes masivos de información y formular hipótesis de negocio con mayor velocidad.

El reporte de McKinsey State of AI 2025 confirma que casi nueve de cada diez organizaciones ya utilizan inteligencia artificial en al menos una función. Sin embargo, solo una minoría ha logrado escalar estas iniciativas a nivel organizacional para generar un impacto empresarial significativo. La variable diferenciadora es el liderazgo que sabe integrar la IA dentro de una estrategia más amplia respaldada por gobernanza sólida.

Implicación para el decisor: no es suficiente enviar al equipo técnico a un bootcamp de IA. El líder debe desarrollar suficiente 'alfabetización estratégica en IA' para formular las preguntas correctas y evaluar críticamente las respuestas del sistema.

2.2 Liderazgo adaptativo y resiliencia organizacional

El State of Organizations 2026 de McKinsey es categórico: la resiliencia reactiva ya no basta. Las organizaciones que prosperen serán aquellas capaces de transformarse de manera continua, sin depender de subsidios ni protecciones artificiales. Sostener desempeño en el largo plazo exige disciplina estratégica y valentía para tomar decisiones impopulares pero necesarias.

En términos del framework de Kotter, los líderes que solo 'gestionan la urgencia' sin construir la coalición conductora y la visión compartida están condenados a operar en modo reactivo de forma permanente. La resiliencia organizacional es una capacidad construida, no un rasgo de personalidad.

2.3 Comunicación de alta influencia y gestión de narrativas

Harvard Business Review (enero-febrero 2026) documenta que los líderes más efectivos evitan la parálisis crónica de restructuraciones repetidas al 'sensar las realidades emergentes antes de que las crisis fuercen el cambio radical' y al 'fomentar la agilidad para mantener los problemas pequeños'. Esa capacidad de anticipación no opera en el vacío: depende de sistemas de comunicación que fluyen verticalmente y de forma transversal en la organización.

El modelo de Schein sobre cultura organizacional establece que las suposiciones básicas compartidas —nivel más profundo de la cultura— solo se modifican cuando el líder modela nuevas conductas de manera consistente y las articula con narrativas que conectan el pasado con el futuro deseado. En LATAM, donde la distancia de poder cultural (según las dimensiones de Hofstede) tiende a ser alta, la narrativa del líder tiene un peso simbólico desproporcionado.

2.4 Ejecución y accountability (rendición de cuentas)

El camino hacia el crecimiento sostenido es, según McKinsey, 'un maratón, no un sprint': a menudo se necesitan más de 18 meses para ver resultados tangibles. Esto exige líderes capaces de mantener el foco estratégico mientras gestionan la presión del corto plazo —trimestre a trimestre— sin sacrificar las inversiones que generan valor en el mediano plazo.

El framework ADKAR (Awareness, Desire, Knowledge, Ability, Reinforcement) resulta especialmente útil aquí: la etapa de 'Reinforcement' es la más frecuentemente omitida en los programas de cambio de LATAM, lo que explica por qué las iniciativas de liderazgo tienen alta visibilidad en el lanzamiento y baja adherencia a los seis meses.

2.5 Inclusión y gestión de equipos diversos

El State of Organizations 2026 de McKinsey identifica como uno de los nueve cambios más significativos la necesidad de gestionar una fuerza laboral cambiante en un contexto de incertidumbre geopolítica. Los gobiernos corporativos que marcan la diferencia no solo incorporan talento diverso, sino que también fomentan una cultura basada en la curiosidad, la actualización constante y la capacidad de cuestionar supuestos establecidos.

Esta competencia tiene una dimensión cuantificable: estudios anteriores de McKinsey revelaron que solo una de cada diez empresas mantiene un crecimiento superior al PIB durante 30 años de forma sostenida. Las que lo logran tienen en común la construcción de estructuras organizativas efectivas y ágiles respaldadas por liderazgo inclusivo.


3. El problema de la inversión en desarrollo de liderazgo en LATAM

3.1 La trampa del practitioner

El dato del Observatorio LBS 2026 no es una curiosidad estadística: es un diagnóstico sistémico. Cuando el 50% de los profesionales de RH opera desde un rol de practitioner en las decisiones de desarrollo de capacidades, los criterios de compra de programas de liderazgo tienden a optimizar por precio y conveniencia logística, no por impacto en el negocio.

Harvard Business Impact (2026) confirma que el 42% de las organizaciones globales adquieren programas de desarrollo de liderazgo externamente. La escalabilidad es el atributo más importante para seleccionar un programa, según los encuestados. Esto sugiere que la conversación correcta en LATAM no es 'qué programa es más barato' sino 'qué programa escala el impacto sobre el negocio en el menor tiempo posible'.

3.2 De la capacitación episódica al sistema de liderazgo

El 2025 Global Leadership Development Study de Harvard Business Impact encuestó a más de 1.100 profesionales de aprendizaje y desarrollo en 14 países, y documentó que la presión se acumula sobre quienes lideran el aprendizaje para entregar formación rápida, fluida y orientada al futuro que construya la inteligencia colectiva de personas y máquinas.

La respuesta de las organizaciones de alto rendimiento no es acumular talleres, sino construir arquitecturas de aprendizaje que integren experiencia en el puesto (70%), exposición entre pares y mentores (20%) y educación formal (10%) —el modelo 70-20-10, ampliamente validado en la literatura sobre desarrollo de talento. Cameron & Quinn, con su modelo de Competing Values Framework, agregan una capa crítica: la efectividad del aprendizaje depende de si está alineado con el tipo cultural dominante de la organización (clan, adhocrática, de mercado o jerárquica).

3.3 El costo de no actuar

Harvard Business Review (enero-febrero 2026) documenta que las organizaciones que caen en ciclos de transformaciones repetidas —restructuraciones que buscan resolver problemas profundos pero que drenan el ánimo, desestabilizan a clientes e inversores y consumen la energía del liderazgo— terminan más débiles. Las transformaciones verdaderas son necesarias para reposicionarse ante cambios de industria; pero cuando se convierten en respuesta rutinaria al bajo desempeño, debilitan la organización.

Los líderes más efectivos, según la misma fuente, evitan la parálisis crónica 'fortaleciendo continuamente sus sistemas de negocio' y 'fundamentando cada decisión en la creación de valor neto para todos los stakeholders'. Esto no es retórica: es una capacidad que se construye deliberadamente.


“El 50% de la comunidad de RH en LATAM ocupa un rol de "practitioner" frente a la decisión de desarrollo de capacidades”

4. Arquitectura de un programa de liderazgo empresarial de alto impacto

4.1 Principios de diseño

La evidencia convergente de McKinsey, Harvard Business Impact y el Observatorio LBS permite formular cuatro principios de diseño no negociables:

Principio 1 — Anclar en el problema de negocio real. El punto de partida no es el competency framework abstracto, sino el desafío estratégico específico de la organización: internacionalización, integración de IA, reducción de time-to-market, gestión del crecimiento inorgánico. El Galbraith Star Model es útil aquí para identificar en cuál de las cinco dimensiones —Estrategia, Estructura, Procesos, Personas, Recompensas— reside el cuello de botella de liderazgo.

Principio 2 — Medir impacto en el negocio, no actividad de aprendizaje. La métrica de 'horas de capacitación por empleado' es un KPI de actividad, no de resultado. Los programas de alto impacto definen desde el diseño qué indicadores de negocio mejorarán, en qué plazo y con qué magnitud esperada.

Principio 3 — Integrar IA como herramienta de práctica deliberada. El 2026 Global Leadership Study de Harvard Business Impact es claro: la estrategia de IA es una prioridad de negocio para 2026, y los líderes deben hacer un mayor uso de la IA en la toma de decisiones estratégicas. Esto implica que los programas de liderazgo que no incluyen simulaciones y casos con IA están formando para el mundo de ayer.

Principio 4 — Construir comunidad de práctica sostenible. La investigación de McKinsey sobre el State of Organizations 2026 enfatiza que la cultura de aprendizaje continuo y adaptabilidad dentro de las organizaciones es una de las claves diferenciadoras. Sin una comunidad de práctica que sostenga el aprendizaje después del programa formal, el 80% del conocimiento transferido se pierde en 30 días (curva del olvido de Ebbinghaus).

4.2 El rol del líder como vector de cultura

Reinventar el liderazgo desde adentro, según McKinsey (2026), demanda autoconciencia y coherencia: 'la transformación empieza por el líder'. Sin ejemplo personal, no hay cambio estructural duradero. Esta afirmación conecta directamente con el modelo de Schein sobre los mecanismos de incrustación cultural: lo que el líder presta atención, mide, recompensa y modela determina la cultura real de la organización, independientemente de los valores declarados en la pared.

Para los decisores de LATAM, esto tiene una implicación concreta: el retorno de la inversión en liderazgo no se mide solo en el individuo que fue formado, sino en el efecto multiplicador sobre los equipos que ese líder conduce. Un programa que desarrolla a 50 líderes de primera línea, cada uno a cargo de 10 personas, está impactando potencialmente a 500 colaboradores.


5. Liderazgo empresarial y el contexto macroeconómico de LATAM

América Latina enfrenta un contexto de particular complejidad para el ejercicio del liderazgo empresarial: heterogeneidad regulatoria entre mercados, alta volatilidad macroeconómica, brechas significativas de talento digital y presión creciente por parte de inversores sobre criterios ESG. En este entorno, el liderazgo no puede ser una variable residual en el presupuesto de RH.

La investigación de McKinsey sobre el State of Organizations 2026 indica que los empresarios reconocen que las incertidumbres geopolíticas han tenido un impacto notable en sus organizaciones, sumado al contexto tecnológico que las pone a prueba. Para LATAM, esto se traduce en líderes que deben operar con mayor ambigüedad regulatoria, ciclos de planeación más cortos y necesidad de construir coaliciones de stakeholders más complejas que en economías con mayor estabilidad institucional.

El liderazgo empresarial efectivo en este contexto exige lo que McKinsey denomina 'disciplina estratégica': la capacidad de tomar decisiones impopulares pero necesarias, sostener el desempeño en el largo plazo y crear valor real en lugar de inflar estructuras. En términos del Competing Values Framework de Cameron & Quinn, esto implica saber cuándo operar en el cuadrante de 'control' y cuándo migrar hacia el de 'creación', dependiendo del ciclo de vida de la organización y la naturaleza del desafío.

Para profundizar en cómo la experiencia del colaborador se articula con el liderazgo, puede consultar el artículo Cultura organizacional y employee experience: el vínculo que los líderes no pueden ignorar.

Si el foco está en cómo el diseño organizacional habilita o bloquea el liderazgo efectivo, el artículo Diseño y desarrollo organizacional: claves para estructuras ágiles en LATAM ofrece un marco complementario.


6. Hoja de ruta para el decisor: los próximos 90 días

La evidencia es consistente: el tiempo de espera tiene un costo. Cada trimestre sin un sistema deliberado de desarrollo de liderazgo es un trimestre en el que la brecha entre la capacidad instalada y el mandato estratégico se amplía. A continuación, una hoja de ruta en tres horizontes:

Horizonte 1 (días 1-30) — Diagnóstico:

  • Mapear el inventario actual de capacidades de liderazgo versus los desafíos estratégicos de los próximos 18 meses.
  • Identificar qué porcentaje del equipo de RH está operando desde un rol de practitioner y qué porcentaje desde un rol estratégico (referencia: Observatorio LBS 2026, n=27.083).
  • Cuantificar el costo de la rotación de líderes y el impacto en la continuidad de proyectos estratégicos.

Horizonte 2 (días 31-60) — Diseño:

  • Definir los 3-5 desafíos de negocio que el programa de liderazgo debe ayudar a resolver (no competencias abstractas).
  • Seleccionar un proveedor con metodología que integre IA, aprendizaje entre pares y seguimiento post-programa.
  • Establecer los KPIs de negocio que se medirán a los 6 y 12 meses del programa.

Horizonte 3 (días 61-90) — Activación:

  • Comprometer al C-suite como patrocinador activo, no solo como audiencia del lanzamiento.
  • Diseñar el sistema de refuerzo post-programa: comunidades de práctica, revisiones periódicas de comportamientos de liderazgo, métricas de clima.
  • Comunicar el programa como inversión estratégica, no como beneficio o evento de RH.

Conclusión: el liderazgo como ventaja competitiva no replicable

En un entorno donde la tecnología, el capital y hasta los modelos de negocio se pueden copiar con velocidad creciente, el liderazgo empresarial se convierte en la única ventaja competitiva verdaderamente difícil de replicar. La combinación de autoconciencia, coraje estratégico, capacidad de ejecución y habilidad para construir cultura —lo que McKinsey denomina el enfoque holístico del líder orientado al crecimiento— no se compra en el mercado; se construye deliberadamente, con tiempo, metodología y compromiso institucional.

El Observatorio LBS 2026 (n=27.083) ya reveló la grieta: el 50% de los profesionales de RH en LATAM están posicionados como practitioners en la decisión de desarrollo de capacidades. Cerrar esa grieta no es un problema de RH; es un problema de negocio que el CEO y el directorio deben resolver.

La pregunta para el decisor no es si invertir en liderazgo empresarial. La pregunta es cuánto tiempo más se puede permitir no hacerlo.


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